Tú.
Tú, y el invierno, el frío viento
de la ciudad, la lluvia, la soledad
de la calle, de esta podrida ciudad
de la que ya no quedan cimientos.
Tú, y la penosa y salada humedad
que dejas en mi rostro, ya calmado
pese a verte escapar a otro lado
jurando que ya tenemos otra edad.
Tú, y el ansia de echar los dados
y que salga tu nombre, sirena
de aguas bravas, maldita azucena
áspera y amarga, aire inyectado.
Tú, y tu poder de arrancarme la pena
con un soplo de tu sonrisa,
con un murmullo que pisa
mi tristeza, que enfría mi tibia arena.
Tú, y la playa, y esa maldita isla
en la que tantas veces te esperé
y viniste, y tantas veces te aguardé
y huíste, tanta cólera ya sumisa.
Tú, y las veces que te vislumbré
al final de cada noche de sueño;
las partituras que escribo tienen dueño
y este lápiz se seca; tanto te busqué.
Tú, y tu presencia desde el más pequeño
compás hasta la última cadencia,
maldita la hora en que caí en la demencia
de quererte, aun en olvidarte poniendo empeño.
Tú, y tantas veces tú,
y tantas veces me negaré que existes
y tantas veces me engañaré con que quisiste
que todo terminara. Tú,
y todo aquello que hemos perdido.
Tú, y yo, y lo que ha sido.
Tú, y lo que, aunque me duela, no ha dejado de ser.
sábado, 28 de diciembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
I met a girl who sang the blues,
and I asked her for some happy news,
she just smiled and turned away.
I went down to the sacred store
where I've heard the music years before,
but the man there said the music wouldn't play.
In the streets the children screamed,
the lovers cried and the poets dreamed,
but not a word was spoken;
the church bells all were broken.
And the three men I admire most,
the Father, the Son and the Holy Ghost,
they caught the last train for the coast,
The day the music died.
Así que vete, coge ese tren con ellos. No vuelvas nunca.
Y si lo haces, que sea con arena de playa y mi media noche.
"La vie devant soi", Romain Gary
-Monsieur Hamil, pourquoi ne me répondez-vous pas?
-Tu es bien jeune et quand on est très jeune, il y a des choses qu'il vaut mieux ne pas savoir.
-Monsieur Hamil, est-ce qu'on peut vivre sans amour?
-Oui, dit-il, et il baissa la tête comme s'il avait honte.
martes, 30 de julio de 2013
"El extranjero", Albert Camus.
Sí, era la hora en la que, hace ya mucho tiempo, me sentía contento. Entonces me esperaba siempre un sueño ligero y sin pesadillas. Y sin embargo, había cambiado, pues a la espera del día siguiente fue la celda lo que volví a encontrar. Como si los caminos familiares trazados en los cielos de verano pudiesen conducir tanto a las cárceles como a los sueños inocentes.
miércoles, 3 de julio de 2013
Sin Título, 59.
Ciudad abrasada.
Calles arrasadas por un manto
de fuego y cólera, destrozados
los edificios que cruelmente pintados
de dolor esconden su llanto.
Ave pasajera, barcos dorados
de cubiertas raídas, rotas,
gaviotas extranjeras, notas
al aire, sonetos calados, amados.
Coral de medianoche que flotas
entre aspavientos de miel submarina,
ceguera constante, sombra divina,
herida abierta cada recuerdo que tocas.
Brisa despejada, libre de inquina,
de malicia, jazmín de muerte,
blanca arena, en el calor te haces fuerte
contra el pedregal desolado de esta esquina.
Palmera de estrecho tronco, maldita la suerte
que te hizo crecer entre amapolas vacías;
tanto verde, tanto negro, y los días
siguen pasando cueste lo que cueste.
Oscuro canto, brillante elegía
de sal y cilantro, fúnebre es el sino
que te llevó a este bosque sin pinos,
a esta playa sin arena, sin alegría.
Sargazo de vida, reluces de fino
desprecio en este mar tétrico.
Vientre de esquisto, un poema homérico
sobrevuela y esconde mi camino.
Este paraíso perdido, helénico,
tomado por la furia de los dioses;
estas huellas, ese grito que oyes
es mi canto lúgubre, micénico.
Playa en el ocaso, vacía y silenciosa;
corriente fría, ondas en el estanque;
arroyo imprevisto, gélido tormento.
Violenta la tormenta que se llevó
las gaviotas, la arena, las palmeras,
cruel y desgastada, costa pétrea,
coral de medianoche roto y muerto.
Sola queda la playa tras la tormenta,
y, con ella,
mi adiós al barco del amanecer.
Empañado ocaso, solitaria playa,
recorres por última vez tu recuerdo;
Me quitaste mi propia medianoche.
Calles arrasadas por un manto
de fuego y cólera, destrozados
los edificios que cruelmente pintados
de dolor esconden su llanto.
Ave pasajera, barcos dorados
de cubiertas raídas, rotas,
gaviotas extranjeras, notas
al aire, sonetos calados, amados.
Coral de medianoche que flotas
entre aspavientos de miel submarina,
ceguera constante, sombra divina,
herida abierta cada recuerdo que tocas.
Brisa despejada, libre de inquina,
de malicia, jazmín de muerte,
blanca arena, en el calor te haces fuerte
contra el pedregal desolado de esta esquina.
Palmera de estrecho tronco, maldita la suerte
que te hizo crecer entre amapolas vacías;
tanto verde, tanto negro, y los días
siguen pasando cueste lo que cueste.
Oscuro canto, brillante elegía
de sal y cilantro, fúnebre es el sino
que te llevó a este bosque sin pinos,
a esta playa sin arena, sin alegría.
Sargazo de vida, reluces de fino
desprecio en este mar tétrico.
Vientre de esquisto, un poema homérico
sobrevuela y esconde mi camino.
Este paraíso perdido, helénico,
tomado por la furia de los dioses;
estas huellas, ese grito que oyes
es mi canto lúgubre, micénico.
Playa en el ocaso, vacía y silenciosa;
corriente fría, ondas en el estanque;
arroyo imprevisto, gélido tormento.
Violenta la tormenta que se llevó
las gaviotas, la arena, las palmeras,
cruel y desgastada, costa pétrea,
coral de medianoche roto y muerto.
Sola queda la playa tras la tormenta,
y, con ella,
mi adiós al barco del amanecer.
Empañado ocaso, solitaria playa,
recorres por última vez tu recuerdo;
Me quitaste mi propia medianoche.
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