Caoba griega, tallada por mis manos.
Caoba de sangre caliente,
canela volátil,
cintura de fuego,
viaje tropical al Caribe de la locura.
Viajaré en tu barco por este mar
de agua anaranjada por el Sol,
ven y aspira hondo
este olor:
aroma a libertad, a victoria y a jazmín de noche.
Vamos a embriagarnos de sal y agave
hasta que la noche caiga
y nos sorprenda,
callados,
mirando más allá de nuestras pupilas.
Prometo traerte de vuelta mañana,
ave del paraíso,
pero, ¡ah!...
Esta noche eres mía,
y del mar,
y de las estrellas,
y de la cubierta de este barco,
y del océano cómplice
que cubrirá nuestras huellas
para que no podamos mirar atrás.
Suave balanceo de ébano,
llévame una vez más contigo
a donde no encuentre el camino
de vuelta a casa.
martes, 18 de febrero de 2014
"La tarde sobre los tejados"
La tarde sobre los tejados
cae
y cae...
Quién le dio para que viniera
alas de ave?
Y este silencio que lo llena
todo,
desde qué país de astros
se vino solo?
Y por qué esta bruma
—plúmula trémula—
beso de lluvia
—sensitiva—
cayó en silencio —y para siempre—
sobre mi vida?
cae
y cae...
Quién le dio para que viniera
alas de ave?
Y este silencio que lo llena
todo,
desde qué país de astros
se vino solo?
Y por qué esta bruma
—plúmula trémula—
beso de lluvia
—sensitiva—
cayó en silencio —y para siempre—
sobre mi vida?
"La tarde sobre los tejados", Pablo Neruda, "Los crepúsculos de Marurí".
sábado, 15 de febrero de 2014
Poesía urbana de lazos cortos
hechos para desatarlos con prisa,
Enrédate
y para cuando pienses lo que estás haciendo
ya no habrá vuelta atrás.
Poesía de tirada corta
sin preludio ni final,
de tus manos en mi espalda,
de cicatrices
y de "suéltame, no te quiero nada".
Versos de brisa de invierno,
fríos como una noche transfigurada
y de "suéltame, no te quiero nada".
Poesía urbana de lazos cortos
hechos para desatarlos con prisa,
de "suéltame", pero sin apartarte,
de "no te quiero nada", pero con tus brazos
alrededor de mi cuello,
de "cállate" y
simplemente
mírame.
Enrédate
y para cuando pienses lo que estás haciendo
ya no habrá vuelta atrás.
Poesía de tirada corta
sin preludio ni final,
de tus manos en mi espalda,
de cicatrices
y de "suéltame, no te quiero nada".
Versos de brisa de invierno,
fríos como una noche transfigurada
y de "suéltame, no te quiero nada".
Poesía urbana de lazos cortos
hechos para desatarlos con prisa,
de "suéltame", pero sin apartarte,
de "no te quiero nada", pero con tus brazos
alrededor de mi cuello,
de "cállate" y
simplemente
mírame.
martes, 11 de febrero de 2014
[...] Comme quelqu'un qui cherche en tenant une lampe,
loin des objets réels, loin du monde rieur,
Elle arrive à pas lents par une obscure rampe
jusqu'au fond désolé du gouffre intérieur;
"Et là, dans cette nuit qu'aucun rayon n'étoile,
l'âme, en un repli sombre où tout semble finir,
sent quelque chose encore palpiter sous un voile...
C'est toi qui dors dans l'ombre, ô sacré souvenir!"
Victor Hugo, Tristesse d'Olympio, recueil "Les Rayons et les Ombres"
Elle arrive à pas lents par une obscure rampe
jusqu'au fond désolé du gouffre intérieur;
"Et là, dans cette nuit qu'aucun rayon n'étoile,
l'âme, en un repli sombre où tout semble finir,
sent quelque chose encore palpiter sous un voile...
C'est toi qui dors dans l'ombre, ô sacré souvenir!"
Victor Hugo, Tristesse d'Olympio, recueil "Les Rayons et les Ombres"
lunes, 10 de febrero de 2014
Rumores de ultramar.
Recuerdas cuando no éramos más que
tú, yo, tus ojos, los míos?
Cuando, sin palabras, éramos el viento,
el sol,
la arena,
la luz dorada que se reflejaba en tu piel caoba?
Cuando, como si de una necesidad vital se tratase,
nos buscábamos entre la multitud
sólo por una sonrisa más?
Cuando, amarga criatura que volaste lejos,
no existía nada más allá de nosotros?
Eran buenos tiempos. El sol aún salía por el este y la Luna aún brillaba de noche. Las estrellas aún parecían fulgurar y la oscuridad era menos densa. Tú, toda tú, y nada más bastaba.
tú, yo, tus ojos, los míos?
Cuando, sin palabras, éramos el viento,
el sol,
la arena,
la luz dorada que se reflejaba en tu piel caoba?
Cuando, como si de una necesidad vital se tratase,
nos buscábamos entre la multitud
sólo por una sonrisa más?
Cuando, amarga criatura que volaste lejos,
no existía nada más allá de nosotros?
Eran buenos tiempos. El sol aún salía por el este y la Luna aún brillaba de noche. Las estrellas aún parecían fulgurar y la oscuridad era menos densa. Tú, toda tú, y nada más bastaba.
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