Viento del norte, en esta noche soplas
con inusitada fuerza; cantando tu canción
corres, vuelas, desapareces, te ahorcas.
¿Qué te ocurre para que en esta estación
de trenes devastada muevas a tu antojo
los árboles y las almas con tu respiración?
Gélido amigo, tú que barres los despojos
de una triste y desolada ciudad;
tú que anhelas capturar los ojos
de la criatura que te arrancó de tu soledad;
tú, que te dejaste caer hasta lo más hondo
por otro instante arrancado a tu mísera verdad;
a ti, níveo compañero, desde el fondo
de mis sombras te pregunto, paciente
como un Buendía en la ancestral Macondo:
¿Qué te han hecho, viento hiriente,
para que andes aullando a la Luna
como yo, cual enamorado demente?
jueves, 14 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
Sin Título, 51.
Esta noche entono un canto
por todo aquello que ha quedado atrás,
respiración, luz eterna, aguardiente,
sensaciones que van calando, llenando.
Esta noche entono un canto
dulce, una plegaria divina al Dios
de tus caderas, un rezo fervoroso al
universo; pensando, respirando.
Esta noche entono un canto
áspero, una plegaria divina al Dios
de tus silencios, un reproche cargado
de desprecio; va matando, ahogando.
Esta noche entono un canto
con voces de órganos interminables,
de melodías que se entrelazan
como dos amantes en celo,
de acordes que se buscan
como mis manos y tu pelo,
de rugidos graves, de furiosas ventiscas,
de pasión infinita y dulce tormento.
Esta noche entono un canto
por todos los días que han pasado
sin pena y sin gloria; visité un templo
en el que estaba tu efigie; adorando.
Esta noche entono un canto
por esos pájaros dislocados que silban
a medianoche; ¿será la playa
un arenal para el sediento?
Esta noche entono un canto
en el que puedas escuchar con mi voz
las olas que baten en esta orilla,
la sal que la marea arrastra a mi herida.
Esta noche entono un canto
elegiaco, un vino amargo, un cielo
estrellado, un paria, una orilla, la arena;
esta noche soy yo, y es la playa que
mece mi barca, amarrada en tu puerto;
esta noche eres tú y lo que vuela en la aurora.
Este canto de salada memoria lleva,
como mascarón de proa, tu recuerdo, dulce sirena.
por todo aquello que ha quedado atrás,
respiración, luz eterna, aguardiente,
sensaciones que van calando, llenando.
Esta noche entono un canto
dulce, una plegaria divina al Dios
de tus caderas, un rezo fervoroso al
universo; pensando, respirando.
Esta noche entono un canto
áspero, una plegaria divina al Dios
de tus silencios, un reproche cargado
de desprecio; va matando, ahogando.
Esta noche entono un canto
con voces de órganos interminables,
de melodías que se entrelazan
como dos amantes en celo,
de acordes que se buscan
como mis manos y tu pelo,
de rugidos graves, de furiosas ventiscas,
de pasión infinita y dulce tormento.
Esta noche entono un canto
por todos los días que han pasado
sin pena y sin gloria; visité un templo
en el que estaba tu efigie; adorando.
Esta noche entono un canto
por esos pájaros dislocados que silban
a medianoche; ¿será la playa
un arenal para el sediento?
Esta noche entono un canto
en el que puedas escuchar con mi voz
las olas que baten en esta orilla,
la sal que la marea arrastra a mi herida.
Esta noche entono un canto
elegiaco, un vino amargo, un cielo
estrellado, un paria, una orilla, la arena;
esta noche soy yo, y es la playa que
mece mi barca, amarrada en tu puerto;
esta noche eres tú y lo que vuela en la aurora.
Este canto de salada memoria lleva,
como mascarón de proa, tu recuerdo, dulce sirena.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Sin Título, 50.
El carmín que tus labios dejaron en los míos.
Esta noche me encontré con tu cuerpo
frente a frente, clavándose en mi dilatada
pupila, hiriéndome con su belleza sagrada,
esta noche soñé con la flor de tu cuello.
Creí renacer, hundirme, creí ser tu dueño,
glorioso momento de inacabada
perfección, de lujuria, pasión guardada;
creí mirar más allá de un simple sueño.
Viví ese instante contigo, único y mágico,
a tus caderas de fuego reté
con mis manos; tu cuerpo fluía como un río.
Temiendo que no fueras real entré en pánico,
y no lo eras; salí de mi sueño y me quité
el carmín que tus labios dejaron en los míos.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Sin Título, 49.
Soneto a mi perdición.
Delirio de caoba, ¿a qué esperas
para dejarme caer y perderme
entre tu aroma; para tenerte
en mis brazos, locura de canela?
Como la espuma me arrastras a esta vereda,
paisaje desolado, hastío, inerme,
lujuria que descansas en lo más hondo, inerte,
animal salvaje, contenido, que no despierta.
Piel que encadena, arroyo celestial
que fluye entre las rocas oscuras y cómplices.
Manos que esperan que llegues, fuego en la mirada.
Abrásame sin hablarme, cuerpo tropical;
Dímelo todo mientras cierras tus ojos de ónice.
Enciéndeme y grita, arañando mi espalda.
domingo, 26 de agosto de 2012
Sin Título, 48.
Sol del estío, verano interminable.
Tarde infinita, ardiente viento que asola
la conciencia,
vespertino hastío. Se congelan el tiempo
y la paciencia.
Mente nebulosa, divagas en la soledad
de tu inmadurez,
mientras tu cuerpo recorre las calles que
te vieron crecer.
Se perfila, en la sombra de un oasis
edénico,
una forma, entre el humo, un cuerpo
helénico.
Vibran los segundos con pisadas aún
lejanas.
El aire se carga del silencio de unas olas
heladas.
Sudor, almizcle,
piel dorada,
gritos y susurros.
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